Mis manos frías, los golpes que marcan un ritmo, los violines que expresan con sus chillidos los secretos de la madera con alma. El aire que viaja, las voces que se alejan de mi. Puedo vislumbrar aquel sitio colmado de soledad, en el cuál el viento es el único que me baña de respuestas.
En aquel rincón de mudez Imagino tu cuerpo tallado en teclas de madera. Subiendo, bajando, alternando los acordes que componen aquel escenario decorado con un inmenso azul oscuro. Cada vértebra es una nota precisamente afinada.
Un cisne hace propio los vocablos de la canción en la que te mueves, en la que me perteneces en silencio. Puedo tocarte, deslizar mis manos por tus teclas, puedo hacer canción y poesía tan solo con imaginarte.
Nuestras siluetas se comunicaban en secreto. Se conectaban.
Imperfecciones que me convierten en amorfa
Propiedad privada. Minutos que voy comprando.
Lúdica
y la sangre sigue deslizándose...
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