Desaparecerme de este cuarto, de este cuerpo, de esta vida.
Zambullirme en el sitio que imagino, en el cual mis profundas lágrimas me reciben dentro de un silencioso mar azul oscuro. Allí donde se apagan todas mis voces, dónde mi cuerpo logra desplazarse sin trabas, dónde mis manos son amplias y delgadas. Aquella profundidad en la que me siento plena, completa, sola y acompañada.
Un instante que me llena de regocijo, que me enamora de mi misma, de mis sitios más incómodos. Aquellos que rasguñaba con mis ángulos más filosos hasta quedar sin voz, hasta quedar sin alma.
Hoy le canto a la muerte.
Imperfecciones que me convierten en amorfa
Propiedad privada. Minutos que voy comprando.
Lúdica
y la sangre sigue deslizándose...
domingo, 25 de julio de 2010
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