Expulsaba mi idea de eternidad sentada detrás del árbol llorón, mientras las nubes me hablaban.
El tiempo se transformaba. Los segundos se estiraban elongándose sobre momentos que empezaban a quedar procesados.
Caminar y caminar. Retomar aromas naturales que me pertenecían y que por aquellos olvidos repentinos alguien me los había quitado.
Pies húmedos. Frescura.
Tambores que expresaban aquella voz que alguna vez aleje de la amígdala del querer.
Imperfecciones que me convierten en amorfa
Propiedad privada. Minutos que voy comprando.
Lúdica
y la sangre sigue deslizándose...
viernes, 20 de noviembre de 2009
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