Instante de la noche invertebrada que me invita a bailar sobre pliegues de sedas inventadas. Aquellas que dibujan desplegándose de una punta del parqué hacia el límite pecoso de la cocina, gotas de lluvia que enmascaran mis lágrimas de plenitud.
Desahogo en palabras la agradable soledad.
Desperté de un sueño de domingo cantándole al tiempo. La frase de mi canción decía que el movimiento se detenía en mi. La calma amanecida en mi cama.
Debo empezar a sostener que la poesía es una deseada guarida. Debo darme cuerda y reposar sobre el silencio que aleja el movimiento del tiempo.
Imperfecciones que me convierten en amorfa
Propiedad privada. Minutos que voy comprando.
Lúdica
y la sangre sigue deslizándose...
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